La farmacia ayuda a proteger la piel del frío invernal

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Viernes, 5 de enero de 2018

IM FARMACIAS

La población en general es ya bastante consciente de la importancia de la protección de la piel frente al sol, pero no lo es tanto frente al frío, de ahí que en otoño y, sobre todo, en invierno los cuidados no sean siempre los adecuados.

Factores propios de estas estaciones como son el frío, el viento y la humedad producen daños en la piel, deshidratación, y a largo plazo aceleran el envejecimiento. Además, existen enfermedades como la psoriasis, la dermatitis atópica o la rosácea que pueden aparecer o agravarse con el frío. La mejor manera de prevenir estos problemas causados por los factores climatológicos adversos es preparar la piel antes de su llegada. Una piel hidratada y nutrida nos permite hacer frente a los agentes externos que pueden perjudicar nuestra piel, por ello es aconsejable la higiene facial tanto por la mañana como por la noche y el uso de protector solar durante todo el año. Además, conviene tomar frutas y verduras de la temporada, de muchos colores, ya que su alto contenido en vitaminas permite limpiar y recuperar los tejidos de los efectos nocivos del sol y proteger del frío.

Frío e hidratación

Las pieles finas, las blancas, aquellas que están expuestas al aire acondicionado o a calefacción muy alta son más susceptibles a la agresión del frío. En estos dos últimos casos se producen graves deshidrataciones. En cuanto a las pieles finas, tienen menos glándulas sebáceas, por lo tanto, su lubricación natural es baja.

La contaminación ambiental, que no disminuye en invierno sino todo lo contrario, no sólo ensucia la piel sino que la irrita, produciendo distintos tipos de dermatitis. En general, un buen producto de limpieza y una crema, si puede ser oleosa, que contenga vitaminas E, A y C ayudarán a proteger y a prevenir los efectos de la contaminación y el frío. Un cosmético hidratante debe mantener o restituir la homeostasis de la piel, retrasar el envejecimiento cutáneo y dar soluciones a pieles problemáticas, y esto se consigue aportando lípidos de calidad, humectantes y agua (evitando su pérdida con sustancias oclusivas, etc.).

El objetivo principal de un cosmético hidratante es mantener y aumentar el nivel hídrico superficial, que en condiciones ideales es del 10-20%. Otro parámetro a tener en cuenta es la cantidad de lípidos cutáneos presentes, sabiendo que esta característica viene determinada por la actividad de las glándulas sebáceas. Los motivos de una mala elección de productos de cuidado dermofarmacéutico son, por una parte, la mala interpretación que a menudo se hace del concepto de sequedad y, por otra, la incorrecta clasificación que hace mucha gente de su propia piel. El antónimo de seco en la lengua común es húmedo, y por ello este concepto suele relacionarse con una mayor necesidad de agua. Así, las emulsiones que aportan un poco de hidratación son muy estimadas por el público (en general, emulsiones O/W con un alto porcentaje de agua) porque el efecto refrescante transitorio que proporcionan parece confirmar que se ha escogido el producto adecuado.

Deportes de invierno

La posición del sol durante el invierno hace que sus radiaciones deban atravesar una mayor porción atmosférica antes de llegar a la Tierra y, por tanto, sean absorbidas en una mayor proporción. No obstante, la disminución en la nocividad que ello comporta, y que es probablemente la causa de que mucha gente baje la guardia, queda contrarrestada por el efecto multiplicador de otros factores que concurren simultáneamente cuando la exposición se produce en el entorno en que se practican los deportes de invierno: altitud (cada 1.000 metros de altura aumenta un 10-15% la radiación solar); reverberación sobre la nieve (refleja entre el 80-85% de la luz incidente); humedad ambiental y bajos índices de contaminación.

El resultado inmediato de la sobreexposición a las radiaciones solares sobre la piel son eritemas y quemaduras. Los primeros consisten en un calentamiento y enrojecimiento de la piel debidos al efecto de los rayos infrarrojos. Las segundas, debidas a la radiación UV, aparecen tras exposiciones más prolongadas y cursan con edemas, aparición de ampollas, dolor e hiperestesia.

Dos zonas corporales particularmente sensibles ante este riesgo, y que inevitablemente van a estar expuestos a él, son los labios y los ojos. La elevada humedad labial, la ausencia de melanocitos, glándulas sebáceas y sudoríparas y la escasa capacidad que presenta la piel de los labios de engrosar el estrato córneo aumentan enormemente su vulnerabilidad ante las radiaciones ultravioleta. Cuando éstas se combinan con bajas temperaturas y fuertes vientos aumenta exponencialmente su agresividad, pudiendo provocar molestos efectos agudos sobre la integridad labial (activación de brotes herpéticos, inflamaciones y grietas, queilitis actínica...).

Higiene

La higiene y la hidratación son dos de los pilares sobre los que se sustenta el adecuado mantenimiento de la piel durante la estación invernal. Cualquier tipo de acción limpiadora, ya se haga sólo con agua o con sustancias detergentes, quiebra la barrera cutánea. Por ello es importante seguir esta máxima: una ducha al día basta. La temperatura del agua debería ser lo más baja posible y la ducha, corta. Las personas con piel extremadamente seca deberían lavarse a fondo cada dos días.

La dermotolerancia de las sustancias detergentes depende del tipo y de la concentración de los tensioactivos. Son importantes las siguientes características: los productos de higiene deben ser hipoalergénicos (con un potencial mínimo de deslipidización, resecamiento e irritación), deben poder enjuagarse fácilmente y poseer una elevada capacidad limpiadora. El nivel de tolerancia puede elevarse mediante la inclusión en las fórmulas de aditivos como los hidrolizados de proteínas y las sustancias reengrasantes. Es importante, en todo caso, hacer una utilización moderada del producto limpiador.

Un baño caliente no tiene que ver con la limpieza, sino más bien con el cuidado y el bienestar. Es decir, primero hay que ducharse y luego, si se desea, darse un baño. En personas con piel seca o temporalmente reseca y tirante no se aconsejan los aditivos de baño desecantes como los baños de espuma o las sales, entre los que cabe distinguir los aditivos de baño sin componente tensioactivo y las emulsiones con componente tensioactivo. Los primeros crean una fina película en la superficie del agua, que al salir de la bañera permanece sobre la piel. De ese modo, la combinación de hidratación y relipidización contribuye definitivamente al cuidado cutáneo.

De cara a la utilización de un aceite de baño, son útiles los siguientes consejos: la temperatura del agua no debe ser demasiado elevada; después del baño, no hay que secar drásticamente la piel sino hacerlo mediante suaves toques. Las personas mayores que usen este tipo de producto deben prestar atención no sólo al peligro de resbalar en la bañera, sino también sobre las baldosas del baño, si tienen los pies mojados e impregnados de aceite.

Algunos aceites de baño también pueden utilizarse como aceites de ducha, aunque hay laboratorios que comercializan productos bien diferenciados para ambos usos. El aceite se aplica sobre la piel húmeda y luego se aclara brevemente. El secado de la piel también debe efectuarse mediante suaves toques, sin frotar. Los aceites de baño o ducha en emulsión se aconsejan sobre todo para la ducha matinal, porque debido a su bajo contenido en sustancias reengrasantes no manchan la ropa. (...)